martes, 2 de octubre de 2018

CELEBRAN A SAN MIGUEL

Dra. Margarita Tlapa Almonte

El 29 de septiembre día de San Miguel Arcángel cuenta la leyenda que el mal anda suelto, la fecha coincide cuando comienza la cosecha en México, los primeros elotes que se asoman en las milpas. En muchos pueblos de nuestro país  se colocan cruces de Yautli o Pericón en las cuatro esquinas de los cultivos, también en las puertas de las casas, con la finalidad de alejar el mal y dar protección a las cosechas y las casas.

En el año de 1977 el Concilio Vaticano conformó el ejército divino custodio y defensor de los cielos: San Miguel, San Gabriel y San Rafael.

San Miguel es considerado como el Príncipe de los Espíritus y Jefe de la Milicia Celestial por vencer al ángel caído y enviarlo al infierno. A nivel jerárquico posee el primer lugar en la Corte Celestial que se divide en tres jerarquías, suprema, media e inferior, y a San Miguel corresponde la jerarquía inferior de Arcángel por su cercanía con los seres humanos.

La palabra Miguel viene del hebreo y significa quien como Dios. ¿Quis ut Deus? (¿Quién cómo Dios?). Es considerado el patrono del pueblo de Israel, patrono especial de la Iglesia Católica, del nuevo pueblo de Dios del Nuevo Testamento. Además, por ser el capitán de los ejércitos celestiales en la lucha contra el mal.

San Miguel es un arcángel protector del pueblo de Dios y triunfador de la batalla contra el mal, es seductor del mundo. Para proteger a vivos y muertos, frecuentemente va al Purgatorio a consolar a las Animas benditas, también a conducirla ante Dios e intercede por ellas en el juicio final.

San Miguel se le representa como jefe de los ejércitos de Dios. Por lo tanto puede aparecer en las representaciones solo o en compañía de ángeles que portan la cruz. Es el príncipe de la luz que ilumina el camino a los hombres y los libera de la oscuridad del miedo luchando contra las fuerzas adversas. Su culto inicio en los primeros siglos del cristianismo, logrando ocupar el lugar más alto, superado por la Santísima Trinidad. En América defendió la fe cristiana de la idolatría, la misión evangelizadora entre los pobladores era que San Miguel “capitán de las huestes celestiales”, espíritu bello y radiante que derrotó al maligno, para adquirir un lugar privilegiado, entre todos los ángeles encabezaría el combate para vencer y destruir el culto a las antiguas deidades mesoamericanas que para los hispanos representaban al Demonio y las fuerzas negativas del universo.
En pinturas y esculturas es representado por un joven sublime, de cuerpo vigoroso, vestido como soldado romano, con empuñando yelmo y espada, o espada y balanza, con  alas desplegadas tensas, en un ambiente  heroico y con decisión. La iconografía del arcángel es: una espada, una balanza a la justicia, pisando la cabeza de un dragón  que representa al demonio, lanza,  palma, cetro y cruz. Entre sus atributos destacan la armadura y el escudo que sirven para la protección, pero no solo en la guerra contra ángeles rebeldes, sino también para la guerra espiritual que tiene el cristiano en la que tiene que prevalecer su fe en Dios. Es el símbolo de la fuerza de voluntad, de la fe y de la seguridad en el bien. La espada como luz que da la fuerza espiritual, con ella se rompe el velo de la ignorancia y se establece la paz y justicia divina. El arcángel es un caballero con espada pero no en una guerra destructiva, sino constructiva.

En los pueblos originarios de México, países de América y en los continentes  donde predomina la religión católica, se rinde culto a San Miguel. Es el espíritu celestial más amado, por lo que se llama privado de Dios y supremo ministro de la Santísima Trinidad. Durante más de 400 años ha sido el vencedor  y ha derrotado el mal, es decir representa la lucha eterna en la vida real y cotidiana que el ser humano enfrenta con lo banal. Durante la conquista los franciscanos aprovecharon para sustituir a San Miguel, crear su culto para la evangelización, por ser el conductor de las almas de los muertos al paraíso, por lo tanto los indígenas lo adoptaron muy bien, porque también tenían divinidades protectoras y malas.

San Miguel se apareció para luchar contra el mal o dioses indígenas, mismos que se encontraban en las cimas de las montañas, razón por la cual muchos sitios en las montañas reciben el nombre de San Miguel el arcángel guerrero, en todo el territorio mexicano y con la frase que lo identifica “QUIEN COMO DIOS” para protegerse del mal. Algunos autores señalan que la fe fue fomentada por la contrarreforma y San Miguel es producto de la violencia colonial. Su celebración se realiza en la etapa final del ciclo agrícola el 29 de septiembre, fecha en el que el maíz está listo para ser cosechado y su culminación tiene que ver también la llegada de los difuntos. La fiesta en honor de San Miguel tiene cuatro nombres diferentes: aparición, victoria, dedicación y conmemoración.

Los hebreos creían que San Miguel era encargado por Dios para cuidar aguas curativas, es considerado como el ángel que guió al pueblo de Israel por el desierto y le hizo atravesar el mar rojo, hizo brotar agua a Moisés a través de su bastón y calmar la sed de su Pueblo.  El Papa León I fue quien consagró en Roma a San Miguel arcángel, para alejar a Atila y evitar guerra, edificando de manera inmediata un templo a San Miguel y fue consagrada el 29 de septiembre, desde entonces ese día se celebra al arcángel. Su culto se difundió a Egipto, en México el culto a San Miguel es una de las tradiciones más antiguas.

Los pueblos del altiplano mexicano, el primero en evangelizar tenían como característica su religiosidad, misma que giraba en torno a los dioses de los mantenimientos por estar relacionados estrechamente a su entorno principalmente, cosechas, caza con el que vivían en armonía. Cielo, tierra, aire, agua, los cuatro elementos esenciales de la vida estaban presentes en las tradiciones mesoamericanas, constituidas por ofrendas flores y frutos, sacrificio humano. Tenían paralelo al tiempo de la siembra y cosecha  una planta que era fundamental en los cultos del mes de septiembre, la flor amarilla conocida como Yautli o pericón (Tagetes lucida Cav.), utilizada  por los indígenas como ofrenda para la protección de buenas y abundantes cosechas. Los franciscanos observaron esto y la aprovecharon como ofrenda pagana para cristianizarla en las Cruces de Pericón con las que protegían las cosechas bajo la  protección de San Miguel Arcángel contra el mal. Así se inició el Día de San Miguel, cruces de Yautli que se colocaban en las cuatro esquinas de la siembra, entrada de la casa con la finalidad de proteger la cosecha del mal que andaba suelto el día 29 de septiembre. Una tradición que se conserva y sobrevive en algunos estados de México actualidad en las fiestas patronales se pueden encuentran arreglos de flores.
YAUTLI
La palabra proviene del náhuatl significa niebla u oscuridad, el calendario agrícola, se relacionan íntimamente con el mantenimiento del hombre; la flor es el reloj de la naturaleza que asoma con  la aparición de las lluvias, es el tiempo de sembrar y acompaña las primicias del maíz al dar el elote tierno; es la promesa del maíz recio que servirá de mantenimiento todo el año venidero”.

El yauhtli (pericón) es una planta asociada antiguamente al culto a Tláloc La importancia mágico-religiosa del yauhtli, no es solo por ser una herencia indígena, sino porque esencialmente es un patrimonio biocultural de México que se sigue utilizando con fines rituales y curativos. En una ceremonia agrícola tradicional que se realiza el 28 de septiembre (día anterior a la llegada de San Miguel) y donde se usa el yauhtli. La cruz de yauhtli o pericón,  se coloca para protegerse contra los malos aires, que pueden dañar las cosechas, los hogares y la vida de la comunidad. Las ofrendas de Yautli se dedicaban a Tláloc, la planta se usaba como incienso y como flor de ofrenda en las festividades dedicadas al dios de la lluvia. Es una tradición prehispánica porque estaba dedicada al Dios Tláloc y a los señores de la cosecha, la pesca y la casa. La flor de Yauhtli (pericón) se utilizaba con fines curativos y aromáticos.

El 29 de septiembre día de San Miguel Arcángel cuenta la leyenda que el mal anda suelto, la fecha coincide cuando comienza la cosecha en México, los primeros elotes que se asoman en las milpas. En muchos pueblos de nuestro país  se colocan cruces de Yautli o Pericón en las cuatro esquinas de los cultivos, también en las puertas de las casas, con la finalidad de alejar el mal y dar protección a las cosechas y las casas. El yauhtli (pericón) es una planta asociada antiguamente al culto a Tláloc, la importancia mágico-religiosa del yauhtli, es utilizada con fines rituales y curativos. Es una ceremonia agrícola tradicional que se realiza el 28 de septiembre (día anterior a la llegada de San Miguel) y donde se usa el yauhtli. La cruz de yauhtli o pericón  se coloca para protegerse contra los malos aires, que pueden dañar las cosechas, los hogares y la vida de la comunidad. la planta se usaba como incienso y como flor de ofrenda en las festividades dedicadas al dios de la lluvia. El día 25 se solía llevar a cabo la recolección de flores de pericón para elaborar las cruces. El 29 de septiembre es la primera “elotada” del año, deleitando elotes hervidos, asados, en esquites o en tamales. Es el día en que tradicionalmente se cosechan los elotes de siembre de temporal. Es importante señalar que el 29 de septiembre ha sido señalado como el Día Nacional del Maíz en México, una fecha para defender el alimento más significativo de nuestra cultura e identidad, tanto nacionales como americanas, un día para persistir en la conservación de esta semilla.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario