miércoles, 2 de noviembre de 2016

LOS GUARDIANES DE LA TÍA ROSA


...Una pareja de recién casados, después de contraer nupcias, pensó que el mejor lugar para establecer su hogar era el barrio de Santiago Xicotenco, en la parte sur de la cabecera municipal de San Andrés Cholula.

Rosa y Rodolfo, como se llamaban, construyeron un jacal a donde ella lo esperaba todas las tardes al concluir su trabajo en la hacienda de Santa Catarina Mártir.

Vivieron felices durante cinco años, en los cuales procrearon tres niños que criaron con mucho amor y sin que les faltara nada.

Pero, un día, después de transportar maíz de los terrenos de cultivo a los graneros de la hacienda, Rodolfo sufrió un accidente porque los caballos que llevaba se desbocaron, causándole la muerte.

A partir de aquel momento todo cambió en la vida de la familia, pues al estar muy pequeños los niños la única que trabajaba era la tía Rosa. Así empezaron a llamarle los vecinos del barrio:la tía Rosa que debido a su juventud y naturaleza se conservaba muy guapa, y empezó a ser asediada por muchos hombres que al verla sola quisieron aprovechar tal situación, sobre todo por la hora en que terminaba de trabajar en la misma hacienda de Santa Catarina, donde le ofrecieron empleo a la muerte de su esposo.

Cada día, la tía Rosa sufría la misma angustia al anochecer. Tenía que emprender el camino de regreso a su casa, donde la esperaban sus hijos. Los pelafustanes que la asediaban cada vez eran más atrevidos llegando inclusive al grado de golpearla por no acceder a sus pretensiones.

Cada vez que abandonaba la hacienda temblaba de miedo y se encomendaba a las Animas Benditas, solicitándo protección y amparo.


Cierto día que regresaba a su casa empezó a caminar y a orar. Poco a poco descubrió a lo lejos que se acercaban dos de los individuos más atrevidos y groseros, por lo que redobló sus plegarías y rezos. Cuál sería su sorpresa que al encontrarlos, en lugar de agredirla solo se limitaron a saludarla.

Sorprendida, apresuró el paso, llegó a su casa y cerró inmediatamente la puerta. Asombrada por lo ocurrido la noche anterior, al día siguiente con mayor confianza se dirigió a su trabajo.

Al llegar la noche volvió a repetir la misma operación implorando la protección de las Animas Benditas. Más tarde, al salir de trabajar, volvió a encontrar a otro grupo de hombres acompañados de sus mujeres que, al igual que la noche anterior, únicamente saludaron.

Otro día más salió de su casa como siempre, rumbo a su trabajo y encontró en el camino a las mujeres de la noche anterior que iban al molino y al verla pidieron les dijera quienes eran las personas que la acompañaban.
Sorprendida solo alcanzó a contestar:
-“Eran unos familiares que vinieron a visitarme”.

Otra de las señoras agregó:
-¡Qué bien saben rezar!. Dígales que nos enseñen porque nosotras no sabemos.

Se despidieron y la tía Rosa quedó más intrigada. Pensó que efectivamente eran las Animas Benditas quienes la protegían. Lo cierto es que desde esas fechas jamás fue molestada.

Siempre se le veía acompañada de muchas personas que rezaban. Ella nunca vio a nadie que la acompañara. Pero algunos vecinos aseguraban que era Rodolfo, su difunto marido, quien siempre encabezaba las procesiones.

Desde ese momento las mujeres que son molestadas por individuos mal educados, son fieles devotas de las Animas Benditas.
Leyendas de Puebla
Salvador Momox Pérez y Roberto Vélez de la Torre

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