miércoles, 2 de noviembre de 2016

LA CUEVA DEL DIABLO EN EL CERRO ZAPOTECAS


...Desde hace mucho tiempo se rumoraba que varias personas se habían enriquecido de manera sorprendente y rápida después de una visita a la cueva ubicada en la cima del cerro Zapotecas.

Por el año de 1900 la familia de don Olegario, que por cierto era muy numerosa, sufría continuamente de hambre y frío porque el dinero no abundaba ya que él trabajaba cortando leña y la vendía de puerta en puerta en las casas de San Pedro y San Andrés Cholula, regresando a veces con sus manojos sin ganar nada.

Una noche que no podía dormir por la desesperación causada por sus grandes problemas económicos, Olegario salió de su jacal que se encontraba afuera del antiguo barrio de San Cristóbal Tepontla.

Estando parado en el patio rodeado de cactus y nopales, de pronto percibió una sensación de miedo y deseo de ir hacía el camino que conducía a la cima del cerro Zapotecas.


Sin pensarlo mucho empezó a caminar, cuando de pronto se encontró de frente con un individuo alto, delgado, con bigote muy grande y retorcido. Vestía totalmente de negro con capa roja, sombrero de copa y bastón.

Con familiaridad, se dirigió a Olegario de la siguiente manera:
-¡Conozco tus problemas!, ¡Sígueme!, ¡Yo te voy a ayudar!.


Sin pensarlo mucho, Olegario caminó atrás del desconocido que empezó a escalar por una ladera del Zapotecas, aunque de manera extraña no experimentó ningún cansancio. En un abrir y cerrar de ojos llegaron a la cima y empezaron a introducirse a una cueva que en apariencia tenía poca profundidad, pero que en realidad conducía a las entrañas de la tierra.

En punto de las 12 de la noche llegaron a una amplísima sala bellamente decorada en tonos rojos, dorados y negros, en cuyo centro se situaba un lujoso trono. Sentado estaba un personaje similar al que acompañaba a Olegario. Otros miles de entes a su alrededor cantaban y alababan al personaje del centro:

-¡Oh! Luzbel, Luzbel, eres nuestro rey.

Olegario fue invitado a acercarse al trono y en un instante se vio involucrado en los gritos y vivas, y en otro instante estaba tirado, escurriendo sangre y salpicando los pies del personaje del trono, el cual dijo:

-¡Desde este momento eres mío, y te daré todas las riquezas que jamás has soñado!.

Pero, eso sí, cada noche de luna llena deberás venir a adorarme.

En ese momento, Olegario desmayó y al otro día despertó en su cama. Su esposa tampoco supo decir la hora que regresó ni como se había acostado.

Olegario sentía un agudo dolor en el lado izquierdo del pecho a la altura del corazón. Se quitó la camisa de manta y notó que tenía una pequeña herida en forma de L, hecho que le recordó que lo vivido la noche anterior, no había sido un sueño.

Un sudor frío empezó a escurrir en todo su cuerpo y se incrementó más cuando uno de sus hijos entró corriendo al jacal para decirle que en un hoyo muy profundo se abrió en el patio.

Se levantó rápidamente de su petate, corrió al lugar donde señalaba su hijo y encontró barriles llenos de monedas de oro. Sobreponiéndose a su miedo, pidió a sus familiares guardar el secreto. Se cambiaron de lugar de residencia y empezó a comprar propiedades de diversos tipos, el nivel de vida de sus hijos y esposa se elevó totalmente, olvidando la pobreza y las carencias.

Para Olegario la vida no cambio. El siempre andaba con la misma ropa demacrado y cabizbajo, y el día posterior a la noche de luna llena, siempre se encontraba enfermo, en cama y con visibles huellas de tortura y sufrimiento.

¿Valdrá la pena tanta riqueza?.

Leyendas de Puebla
Salvador Momox Pérez y Roberto Vélez de la Torre

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