lunes, 2 de noviembre de 2015

LOS NAHUALES DE CORONANGO

En una de las calles de la cabecera del municipio de Coronango, en una de tantas noches de 1800 apareció de un día para otro un nuevo jacal.

Era bastante amplio con troncos muy gruesos en cada esquina, en la puerta se veían unas ramas fuertes que sostenían tejas rojas resplandecientes en el techo. Por aquella época los hombres madrugaban para acudir a sus terrenos de cultivo, más tarde las mujeres los seguían con el desayuno y ya para las seis de la mañana la mayoría de la gente del pueblo se encontraba despierta.

Este jacal causo sorpresa, asombrando a la gente que se había congregado a cierta distancia con expectación y miedo inexplicable. Varios de los hombres más atrevidos, armados con palos, se habían organizado para “investigar” quienes eran los dueños, quien autorizó la construcción de esa casa. La verdad es que “ardían de curiosidad” por desentrañar ese misterio.


Apenas habían llegado a la puerta y, como si los estuvieran esperando, ésta se abrió intempestivamente. Algunos de los hombres brincaron para atrás, otros para diferentes lados, cayendo unos encima de otros. De la puerta ya abierta, de manera lenta pero segura, aparecieron un hombre, una mujer y un niño, todos de apariencia dulce y tranquila. Los tres mostraban en sus rostros cicatrices de heridas causadas en diversas épocas de su vida, se notaba más esta característica en los adultos que en el niño. Sin levantar la cara los extraños se dirigieron a los curiosos manifestando lo siguiente:
-¿En qué podemos servirles, mis señores?

Quedaron mudos de asombro, pues esperaban otro tipo de personas y otro tipo de respuestas; por lo que solo pudieron decir:
- ¡Perdón, perdón! ¡Únicamente pasábamos por aquí!
Los que estaban en el suelo se pararon como pudieron y, al igual que los otros, corrieron a esconderse en sus hogares.
Todos los habitantes de Coronango preferían pasar por otros caminos, menos por los que conducían a la choza de los “extraños” como los denominaron a partir del día en que los vieron por primera vez. Desde aquella ocasión, los habitantes de esta comunidad empezaron a sufrir continuos robos en sus cosechas y en sus propias casas, sin que pudieran evitarlo, a pesar de que se quedaban a vigilar, pues “normalmente les ganaba el sueño” y cuando despertaban ya habían desaparecido sus pertenencias.

Sospecharon que en esto se encontraban involucrados “los extraños”, por lo que acordaron vigilarlos. Se turnaron todas las noches diversos grupos de vecinos que observaban que a la llegada de la oscuridad la puerta del jacal se abría sola y de ella salían dos burros adultos  y un burrito que caminaban y se perdían a lo lejos.

Ya muy cerca de las tres de la mañana regresaban los tres animales cargados con diferentes productos. Al llegar al jacal la puerta se abría y los tres burros entraban. En otras ocasiones sólo llegaban dos burros cargados seguidos de un perrito juguetón.

Días después resultó que el niño de “los extraños” entabló amistad con los niños del pueblo, jugando con ellos y cuando podía escapaba de su casa.

Los niños disfrutaban  de las travesuras, pero el niño “extraño” quiso hacer algo diferente de lo que hacían y les dijo:
-¿Si quieren les enseño como convertirse en burrito? ó ¿Prefieren en perrito?
Los otros niños rieron de buena gana, pero con cierta curiosidad dijeron:
-¡Enséñanos!.
Él respondió:
-Sí lo haré, pero no se vayan a asustar.
De inmediato empezó a balbucear algunas palabras, luego se tiró al suelo y empezó a revolcarse. Ante el asombro de todos se transformó en un hermoso burrito. El hecho hizo que todos los niños corrieran despavoridos a sus casas y contaran a sus padres lo que habían visto. Éstos de inmediato se comunicaron con otros que se reunieron y acordaron quemar el jacal de “los extraños” que, como dormían de día, no les dio tiempo de salvarse y murieron achicharrados.

Se cuenta que en medio de las llamas y de las ardientes brasas surgían lamentos llenos de dolor, pero también de maldiciones e improperios en contra de todos.

Cuando las llamas terminaron su obra únicamente se encontraron rastros quemados de los objetos robados. Desde entonces los habitantes de Coronango adoptaron la sana costumbre de investigar a las personas que, sin ser de ahí, llegan a habitar a esta hermosa población de la antigua región de Cholula.    

Libro: Leyendas de Puebla
Salvador Momox Pérez y Roberto Vélez de la Torre
Recopilación Myrna Rojas Flores

2 comentarios:

  1. Interesante, soy de Coronango, donde consigo el libro?
    mi e-mail es: vihutg@gmailcom

    ResponderEliminar
  2. el profesor Roberto Vélez de la Torre fué catedrático de la secundaria federal uno de Puebla.

    ResponderEliminar