miércoles, 2 de noviembre de 2011

LEYENDAS DE CHOLULA: EL ENCANTAMIENTO DE SANTA BÁRBARA ALMOLOYA

El territorio en el que se encuentran ubicadas las poblaciones del antiguo señorío de Cholula, puede decirse que es sumamente prolífico. Posee abundantes corrientes de agua, tanto a flor de tierra, como subterráneas lo que permite que la flora y la fauna sean sumamente ricas.
Santa Bárbara Almoloya, junta auxiliar del municipio de San Pedro Cholula, no podía ser la excepción. Su belleza natural, desde hace muchos años, está conformada en parte por el río Prieto y por un hermoso manantial del que brotan torrentes cristalinos de agua.
Una costumbre muy arraigada de este lugar consistía en que cada 24 de junio día de San Juan, por las noches, guapas jóvenes se bañaban en este hermoso estanque, situado en la parte oriente del templo católico.
Existía la creencia entre ellas que al hacerlo ese día y a esa hora, su pelo crecía y su belleza aumentaba.
En realidad, su secreto a voces consistía en la esperanza de que en punto de las doce de la noche, en alguna ocasión de tantas, tendrían oportunidad de ver a una sirena, ser fabuloso con busto de mujer y cuerpo de pez, que según su creencia y relatos de los ancianos emitía un canto muy hermoso.
Cada año, al acercarse la fecha, la mayoría de las jóvenes de Santa Bárbara preparaban los jabones más caros con esencias perdurables, además de los listones más finos y coloridos con los que sujetaban y adornaban su bien cuidado cabello.
El día señalado en punto de las siete de la noche se veía caminar a decenas de jovencitas que se dirigían presurosas al manantial, en el que se zambullirían y juguetearían. Solamente las mujeres jóvenes tenían el privilegio. A los jóvenes varones, se les tenía prohibido acercarse a ese lugar precisamente en ese día.
Ruperto Petlachi, era un joven de 21 años de edad, siempre se había distinguido por ser muy inteligente y observador ya que a lo largo de varios años había percibido que algunos de sus conocidos, un poco mayores que él habían desaparecido sin dejar rastro precisamente un día después del 24 de junio de casa año.
Esa ocasión estuvo muy atento al desarrollo de los acontecimientos por lo que por la tarde se reunió con su amigo Crisóforo, tal como lo hacía todos los días después de terminar su jornada de trabajo. Éste lo notó preocupado y pensativo, así que le pregunto:
-¿Te pasa algo Ruperto?
A lo que respondió: -Toda la noche soñé cosas extrañas. Te vas a burlar de mí, pero soñé con la sirena del manantial.
Crisóforo quería reírse, pero se contuvo al ver la seriedad con la que hablaba su amigo. Hubo un corto silencio y continuó el dialogo: No sé. ¡Como que siento ganas de ir al manantial!
Crisóforo le dijo alarmado: ¡ni lo pienses! Te van a apedrear las mujeres.
Ruperto dijo más tranquilo: mira te ruego me acompañes al manantial después de las doce de la noche ya que se hayan retirado las mujeres. Con esa idea se retiraron cada uno a su casa.
En punto de las doce de la noche, Crisóforo salió de su casa, se dirigió al lugar donde había quedado de ver a su amigo. Cuando llegó, vio que éste ya se encaminaba rumbo al manantial, trató de alcanzarlo pero no pudo. Por la gran distancia que los separaba sólo encontró en el camino a muchas mujeres que regresaban, las saludó y prosiguió.
Al llegar al manantial vio a su amigo Ruperto dentro del agua con la vista fija en los veneros situados en una roca casi a nivel del estanque natural. De pronto, estos orificios acuáticos se agrandaban y salía de ellos una hermosa criatura con cuerpo de mujer de la cintura hacía arriba y en lugar de piernas poseía una asombrosa cola de pez.
Sorprendido, Crisóforo corrió a esconderse en unos arbustos, mientras el extraño ser empezó a cantar con una dulce voz tierna, casi angelical, interpretando una linda melodía. El ambiente se llenó de un resplandor cálido como una esfera de ensueño, pero impenetrable.
Sin poder articular palabra, Crisóforo vio que Ruperto avanzó lentamente hacia la sirena. El trató de detener a su amigo gritándole:
-¡Ruperto!, ¡detente! ¡por favor hermano!, ¡recuerda a tu familia!, ¡no seas imprudente, por el amor de Dios!.
La sirena, amorosamente, susurró:
-¡Veeen!... te estaba esperaaando… acércate… veeen a mi…así…eres míooo…, míooo…
En ese momento, Ruperto estaba como poseído por el rostro iluminado por la emoción y una inmensa alegría, siguió caminando muy cerca de la sirena extendió los brazos rodeó con ellos el cuerpo de este atractivo ser, y se fundió en un solo ser con ella.
De inmediato desaparecieron en los veneros donde brotaba el agua, todo sucedió en un momento muy breve. El asombro fue tal que Crisóforo se retiró como pudo. Ruperto jamás volvió a aparecer.
La gente inventó muchas versiones, pero Crisóforo sabía la verdad de que en los primeros minutos del día 25 de junio de cada año, al escuchar el canto de la sirena, un varón de Santa Bárbara Almoloya desaparecería para siempre.
Leyendas de Puebla
Salvador Momox Pérez y Roberto Vélez de la Torre.
Recopilación: Myrna Rojas Flores

2 comentarios:

  1. es muy interesante la historia ya que relata la historia de anta bárbara alomoya

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  2. Pues ruperto ya he preguntado por el y por crisoforo y el realto no es cuerente. Salvador Momox Pérez, Roberto Vélez de la Torre, Myrna Rojas Flores son muy hermosos nuestras tradiciones y agradeceria no se quieran hacer famosos con este relato. Las leyendas son relatos que van de generacion en generacion y que tiene algo de verdad y algo de ficcion. Y en toda mi vida he convivio con gente de mi hermosos Santa Barbara Almoloya, y nunca he escuchado tal relato.

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